Efectos fisiológicos y psicológicos del uso de anabolizantes andrógenos esteroideos
Revisión basada en evidencia científica
Por Carlos Juárez
Introducción
El uso no médico de esteroides anabólicos androgénicos (EAA) ha sido una situacion abitual durante varias decadas dentro del ámbito deportivo. Estas sustancias, derivadas sintéticas de la testosterona, fueron desarrolladas originalmente con fines medicos, por ejemplo para atender el hipogonadismo.
No obstante, su uso fuera del contexto clínico ha generado interés científico debido a sus efectos sobre múltiples sistemas fisiológicos y psicológicos. La literatura existente documenta alteraciones relevantes en el sistema cardiovascular, endocrino, hepático y en la función neuropsiquiátrica.
El presente artículo sintetiza hallazgos científicos sobre los principales efectos asociados al uso de EAA.
Mecanismo de acción de los esteroides anabólicos
Los EAA ejercen su efecto al unirse a los receptores androgénicos en el núcleo celular, lo que promueve la transcripción de genes relacionados con la síntesis de proteínas y el crecimiento del tejido muscular (Kicman, 2008).
El uso exógeno de estas sustancias altera el eje hipotálamo-hipófiso-gonadal, reduciendo la secreción de gonadotropinas (LH y FSH) y, en consecuencia, la producción endógena de testosterona (Wood, 2008). Esta supresión puede generar disfunción hormonal durante y después del periodo de administración.
Efectos fisiológicos documentados
Sistema cardiovascular
Diversos estudios han reportado alteraciones cardiovasculares asociadas al uso prolongado de EAA. Entre los hallazgos más consistentes se encuentran:
Incremento de la presión arterial
Alteraciones en el perfil lipídico (aumento de LDL y disminución de HDL)
Hipertrofia del ventrículo izquierdo
Disminución de la función sistólica
Estos cambios se asocian con un mayor riesgo de eventos cardiovasculares, incluyendo infarto de miocardio y arritmias (Baggish et al., 2017).
Sistema endocrino y reproductivo
El uso de EAA suprime la producción natural de testosterona mediante retroalimentación negativa sobre el eje hormonal. Los efectos observados incluyen:
Inhibición de la secreción de gonadotropinas
Atrofia testicular
Disminución de la espermatogénesis
Infertilidad reversible o permanente
En mujeres, se han documentado efectos como:
Alteraciones menstruales
Virilización
Cambios en la voz
(Hartgens & Kuipers, 2004; Wood, 2008).
Sistema hepático y renal
Los esteroides anabólicos administrados por vía oral, especialmente los compuestos 17-alfa alquilados, presentan hepatotoxicidad. Los efectos reportados incluyen:
Elevación de enzimas hepáticas
Colestasis
Desarrollo de adenomas hepáticos
(Hartgens & Kuipers, 2004).
Efectos psicológicos y neurobiológicos
El uso de EAA se ha asociado con cambios en la regulación de neurotransmisores como dopamina y serotonina, implicados en el control del estado de ánimo y la conducta.
Entre los efectos psicológicos documentados se encuentran:
Aumento de la irritabilidad
Conductas agresivas
Ansiedad
Episodios depresivos
(Pope & Katz, 2003).
El término “roid rage” se ha utilizado para describir episodios de desinhibición conductual asociados a niveles elevados de andrógenos.
Adicionalmente, la interrupción del uso puede inducir síntomas de abstinencia, incluyendo:
Fatiga
Anhedonia
Alteraciones del estado de ánimo
(Silvester et al., 2019).
Consideraciones adicionales
La evidencia sugiere que los efectos de los EAA dependen de múltiples variables, incluyendo:
Dosis administrada
Duración del uso
Tipo de compuesto
Características individuales del usuario
El uso simultáneo de múltiples sustancias (“stacking”) puede potenciar los efectos adversos.
Conclusiones
Los esteroides anabólicos androgénicos producen efectos significativos sobre diversos sistemas del organismo. La evidencia científica documenta alteraciones en el sistema cardiovascular, endocrino, hepático y en la función psicológica.
Estos efectos pueden presentarse tanto durante el uso como posterior a su suspensión, con variabilidad en su reversibilidad.
El estudio de estas sustancias continúa siendo relevante en el contexto de la salud pública y el deporte, debido a su uso extendido y a las implicaciones clínicas asociadas.

